Tengo que confesar que las estrellas siempre me han interesado, aunque todavía no haya conseguido memorizar ni una sola constelación. Algún día sabré de astronomía.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
El día se va despacio
la tarde colgada al hombro
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
PD: Esta postal pertenece a una campaña de promoción del aceite de oliva en la dieta mediterránea. No es que el tema en sí me fascine, pero la ilustración y el poema se merecían el post.

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